jueves, 24 de enero de 2008

"El Perro... Final de otra Etapa"


Hay momentos en que uno se para en medio del camino y un leve giro lo hace mirar atrás. Allí, entre sombras y árboles viejos, ve su pasado dividido en etapas; cada una de ellas con sus características mas afines, que son en definitiva esos gratos recuerdos que nos quedan guardados en algún rincón de nuestra memoria. Imágenes del ayer que vuelven en un momento inesperado traídos al hoy con un “olor” que te hace acordar de aquellas tardes que viviste gratos momentos de otra etapa.
La niñez es un gran escalón para la vida de un individuo; allí aprendemos a jugar, a reír, a amar; o para no ser tan optimistas digamos que también allí se aprehenden valores dados por una momentánea escasez económica, el valor del pan, el valor del kerosén, y lo feo que es no tenerlo.
"La niñez… tardes de lluvia jugando a la pelota en la calle, en la canchita o en la vereda de alguna casa."
Aprendes a compartir la gaseosa que -vaquita de por medio- compraron entre todos, (aunque siempre exista un fundamentalista amarrete que no pone ni un centavo por presión de la casa); Así aprendes a aprender; a veces por las buenas y a veces por las otras, chichones morados por un golpe o algún palazo, raspones profundos por poner el pie en la goma de la bici, que -ahora que me acuerdo-… era “piñón fijo”. Esta etapa termina de una manera horrible. Atrás la timidez y la inocencia. Ahora, y ya con casi 13, te llevás a la boca una cerveza que sentís “desagradable” y un pucho que te cae mal y marea… pero "la cosa era ser grande”. Era parecerse a aquel que sale los sábados en el auto del viejo y siempre alguna chica trae y le roba unos besos. Pero… el fuma y toma cerveza. Aunque me contaron que ninguna de las dos cosas le son de su agrado. A las chicas les gustan esos. Con razón que las minas de nuestro curso no nos dan ni pelota… en el aula no hay ninguno que haga esas cosas “de grande”.
Así termina la etapa de niño… en un cuadro oscuro y excitante por demás, apoyados contra una pared y al aire libre; crudo… ante las garras de una condesa mayor que, como buena conocedora, sabe por donde conquistar el corazón y la piel del pobre purrete que no entiende nada y solo mira al cielo pidiendo a todos los angeles piedad y cosquillas.
Entre besos, tragos y secas se evapora “el niño”. Y aunque en realidad no aprendiste como se pone esa cosa de goma que tenés en la billetera de una vez que compraron con los amigos como para hacerse los que lo podrían llegar a usar; menos mal que los otros días fue al curso un doctor para enseñarnos secretos de sexo, lástima que no podíamos parar de reírnos e intimidarnos; el doctor hablaba sin pelos en la lengua de algo que no es como ir a comprar el pan. Nos poníamos colorados y él... de chaqueta blanca remataba diciendo: “el interrumpido es difícil chicos, pónganse el preservativo… por que en ese momento no salís mas de ahí”… Todos nos reímos, aunque dudo que alguno haya entendido a ciencia cierta lo que quería decir. Solo teníamos 13 o 14…
¡¿Qué Querés ¡? Los grandes decían que éramos adolescentes. Primero me ponía contento escuchar que nos denominen así por que era como estar “de onda” y sentir que todos los demás, grandes, aburridos y tontos, te envidiaban por que vos tenias permiso para hacer cosas que ellos no; como por ejemplo mirar TV los viernes a las 2 de la mañana control remoto en mano y con mil antenas paradas por si se levantaban tus viejos y poner en el campeonato de jabalida de Rusia que pasaba TyC Sports. Lastima que años mas tarde me enteré que en realidad “adolescente” quiere decir algo así como “entupido que carece de toda facultad para vivir”. Bue… pero de adolescente era otra cosa. Nos animábamos a fumar en el boliche sin miedo a nada, y si los viejos nos decían algo nosotros pegábamos dos portazos y al grito de “no entendes nada vos vieja” nos íbamos a los videos o al ciber a perder tiempo y plata. ¿Que decir de esta etapa?… sintetizarla con la secundaria. Los lunes a la mañana un frío que rompía hasta la tierra y nosotros tipo 9 jugando al voley. Y si, el Profe intentaba motivarnos pero no le dábamos ni pelota. Aunque de vez en cuando se armaba una roña y le jugábamos "a matar o morir" a los de sexto que siempre se querían hacer ver. Claro eran más grandes, más altos, más enormes, mas lungos… eran chicos malos y duros y vivían riéndose de todo. Nosotros nos jugábamos la vida en cada pelota, no era bueno ser el blanco de cargada. Todo era intencionado, todo venía acompañado de una sonrisa picara y gestos escondidos que cuando los cazábamos al aire nos daba mas rabia y bronca. Pero bueno… así era en la adolescencia.
Los granos en la cara y las escrituras de bandas de rock que ni conocíamos, era lo más importante. Había un lugar sagrado cuyos valores, signos y trampas, suelen ser incomprensible para una persona que nunca estuvo allí:
El Aula. Cada rincón escondía un amor, una mirada, un machete, mil chicles. También estaba esa compañera que se llevaba toda la codicia. Tierna, bellísima y entretenida, caminaba y me mataba, y nos mataba; sí a los otros también, pero yo creía que era para mi nomás, siempre creí eso… hasta que un día me llegó una noticia, ella le robaba besos a uno mas grande y no se que otra cosa rara hacían en el baño. Ella, muy conocedora de sus atributos, te agarraba de la corbata; te rozaba y no te daba nada; tenía la pollera corta y su traslúcida camisa gastada, delataba corpiños.
Así fue el secundario; con él se marcho mi adolescencia.
Ya casi ni nos vemos con algunos de los amigos de esa etapa que yo creía interminable. Cada obrero a sus puestos y con sus nuevos amigos.
Las cosas ya no son como antes, y es lógico que así sea. En una noche de alcohol y lujuria barilochense, todos nos olvidamos el “alma de grupo” en algún sillón vomitado. Y si bien al cruzarnos por la calle hoy, brota un cariñoso saludo, un beso y abrazo… nada es igual. Ya no tengo que llevar a ninguna borracha a la casa, ahora tienen al novio que las alcanza. Ya no volvemos ebrios hasta el barrio con mi amigo, hace cuatro años que me mudé.
Los sabelotodos (gente grande) después del secu… me dijeron que pasabamos de ser adolescentes a “jóvenes”. Ya no nos clasificaban ni de niño, ni de chico, sino de jóvenes. A mis oídos siempre les sonó eso como sinónimo de viejo, no se por que.¿? Admito que nunca dejé de ser un adolescente y que sigo viviendo en esa burbuja tan entretenida como anacrónica ya a los casi 22, "Pero “jóvenes” es como decir: pre-adulto... Y ya eso esta muy cerca de ser viejo y no me gusta nada".
Tampoco nos gustó al principio irse a estudiar a una gran ciudad… pero "como se iban todos, nos fuimos todos". Yo para un lado, mis amigos para el otro. Pero con el tiempo me fui para otro lugar siguiendo una pollera. Hoy mi novia actuál se va a estudiar al sitio que abandone en primera instancia en su momento por unas polleras que me dejaron dos semanas después de haberme cambiado de ciudad solo por ella; Llamemosló solo.. "Vueltas de la vida". .
Ser joven o “pre-adulto” no es lo que parece. O sea, no es taaaaan malo. Ahora puedo salir los miércoles y ya no tengo que bancarme ese “pi-pipipipí-pipipipii- que tanto odié a las 9 de la mañana. Eso es lindo de ser un pre-adulto, la libertad, la vida nocturna, las cervezas, los picados con “lo muchacho`”, las picadas, etc.
Adolescencia es sinónimo de "escepticismo" y eso quiere decir no creer en nada de nada. Nunca me convencieron esas cosas… pero una vez alguna amiga me dijo que era mal augurio que mi novia me regalase un perfume, por que – según los chamanes y mitos populares- cuando se terminase el perfume, se terminaría el amor. Obvio que, escéptico como siempre y porfiado como nunca, no le hice caso. Mi amiga estaba totalmente loca. ¡Mira si no voy a usar ese perfume carísimo y voy a seguir poniéndome el “Paco” y alguno otro berreta de “Avon” que me compraba mi vieja¡. Lástima que me enamoré demasiado de la que me lo regaló. Lastima que no creo en esos mitos populares pero siempre algo de cierto tienen. A los meses me dejó. Ahí empecé a creer un poco en esas fábulas.
Pero si me preguntan que será lo que terminará con mi pre-adultez y pasaré de lleno a ser todo un viejo, grande, con responsabilidades y con novia muy estable… yo sé que.
Es mi perro… “Dión”. Ya tiene algo así como 13 años. Me acompañó en todas mis etapas y es testigo visual de varias cagadas. El sabe a que hora llegaba, llegue y llego a casa. El siempre esta echado en la puerta de enfrente como si fuese una maceta orejuda; conoce todos mis movimientos y en el fondo me parece que sabe cuando puede ladrar… y cuando debe hacer silencio para no despertar a los vecinos, ni menos a mis viejos y me agarren in fraganti a las 3 de la mañana. Dion… legendario y popular. Perro de la calle, melenudo y rubio; aparenta ser un Gran Danés y es apenas un Galgo agrandado. No hace otra cosa que hacer nada, pero él siempre esta haciendo algo. No existe perra que ande por allí, que no haya tocado. Y… ahora está grande y viejo. Ya no salta como antes que ponía sus patas en mi pecho; ahora apenas si mueve la cola y hace algún gesto en la llegada a casa. Pero yo se que entre nosotros hay una conexión al mirarnos. Leal, aventurero y fiel… Dion va a marcar con su deceso el fin de mi pre-adultez y el comienzo de mi vida “en serio”. Mi perro lo va sellar, cuando alguna tardecita de verano, la vieja lo saque a caminar por los caminos de tierra y él tome un atajo desviando la mirada de ella. Dion va a doblar a la derecha unos metros antes que siempre y cabeza abajo buscará en el horizonte lejano, la sombra de algún eucalipto viejo para “echarse a morir”. Morir…como todo perro fiel, que no quiere que su familia lo vea emprender el viaje a los cielos, moribundo... se marchará y YO lejos de llorar, aunque cristalinos mis ojos…sonreiré, sabiendo que con su pata ha dejado una huella imborrable en mi vida,
Y me ha regalado…

Las llaves de mi adultez.