
A uno siempre le dan ganas de salirse del molde vió, como si fuese algo innato dentro de las ánimas. Hace años, dejé de usar la mesa de luz. Mejor dicho la modifique sustancialmente. Ahora tiene bolsillo, cierres, colores fuertes, monedas perdidas, papeles innecesarios, cosas.
Ahora la cargo sobre mi espalda. Ella es mi compañera.
Dejé de pertenecer a mi lugar, cuando decidí no pertenecer a ninguno. Y si bien una semilla nunca olvida el suelo donde ha germinado, se dispone a volar con el viento hacia otro lares.
En ese, mi afán, se cruzó una piedra en el camino. Y... no quedaba otra que ir de prestado como pidiendole yerba al vecino. Ensima la economía se disfraza de palabras raras para que no la podamos entender. En un momento fue "riesgo país", en otro "corralito", ahora le llaman "inflación", `ma que voy a entender yo definiciones de cátedra, lo que si sé es que no hay cobre para juntar. Viajar... viejo placer ancestral, sos un lujo que pocos se pueden dar.
...Y en uno de esos días de nubes intermitentes que se esconden detrás del sol, me dispuse a usar mi dedo como indicador. Al lado de la ruta, viendo autos caros pasar, imaginé la vida de todos los que no me quisieron llevar. Pensé en que ese hombre de traje y vidrios negros, tal vez me podría alcanzar. Pensé mal, asi que me dispuse a caminar. El sudor bajó por mi frente y mi pierna se puso a temblar...
El me vió y se vino. Era negro, corbata marrón. Cabeza gacha y trote compadrón.
Le acaricié el hocico y su cola practicó un vaivén, se prendió en mi camino y ahí lo dejé.
Como dos perros de la calle fuimos hacia allá.
Yo buscaba mi destino, él tan solo caminar.