sábado, 22 de marzo de 2008

La Vaca Ciega y la Vaca Echada.

Todo se desarrolla normalmente en un campo alejado. Las tardecitas tienen ese "no se que" pintorezco, que adornan las percepciones y los sentidos. Tal vez será ese sol que ilumina con todo esmero, quizás sea el único culpable de brindar tanta luz a los granjeros. Es de mañana y la escena esta cercada por el alambrado. Las protagonistas siguen andando los distintos caminos de sus vidas. Ellas son La Vaca Ciega y La Vaca Echada; disímiles, antagónicas, diferentes en esencia y costumbres, en errores y certidumbres, en hambres e ideales.
La Vaca Ciega tiene el don de la movilidad que le permite recorrer todo el lote arrancando de raíz, masticando el pasto y el brote. Su desventaja es que no tiene la facultad de ver.
La Vaca Echada la mira desde el suelo y exterioriza su recelo por no poder levantarse y sobre sus patas viajar en busca de buenos pastizales. Sufrió el dolor y está quebrada, está flaca y tiene hambre. Su vida esta limitada a la circunsferencia de su cuerpo, su boca se estira en busca de la bocanada cuando se termina el pasto de su suelo.
La Vaca Ciega nunca se propuso ver, tan solo le interesa comer.
De una manera u otra es lo que prefiere y en lo que se excusa para ser terca y porfiada. El amparo en el defecto para exigirle a Dios una recompensa.
En cambio La Vaca Echada, larga sus celos por no poder caminar. Con la vista solamente no se puede vivir, no se puede comer, pero ahí está echada, sus costillas pegadas a la piel y su cara larga, debe esperar el brote para volver a comer. De seguro que si pudiera caminar mataría de un solo golpe en la cabeza a su tan necesaria compañía como odiada Vaca Ciega... Una sin la otra jamas hubiesen sobrevivido.
Hasta que un cierto domingo de calma, La Vaca Ciega se enfureció con Dios y lo maldijo por no dejarla ver y por no contar con un olfato extraordniario para caminar hacia los pastizales. Enfurecida se hizo contra el alambre tumbando las fronteras y fue hacia el cielo para vengarse cara a cara con el "Creador"...A la Vaca Echada solo le cruzó una pregunta por la cabeza. ¿Con lo gorda que está tiene la caradurez de quejarse?
En el cielo Dios le dijo a la Vaca Ciega..."Hija, tu no ves los cercanos pastizales que tienes por el solo echo de que nunca te atreviste a abrir los ojos".