Es mañana de viernes y me despierto como siempre bien temprano. Suena un reloj, lo apago. Suena el otro que deje en una mesa lejos de mi alcance y no me queda otra que terminar con su ruido. Ruido que odio mas que a nada a esas altas horas.
Prendo la radio que ya estaba sintonizada en am 930. Escucho a Miguel que no sabe mas como hacer para tratar de enfriar la situación.
- Alegría gente que hoy es viernes. Paz para los que están en las rutas y paciencia para los que padecemos los problemas de desabastecimiento… así es la argentina, aquí nos tocó vivir. Son las siete con once minutos, repasamos los titulares mas importantes de la mañana.
Mi cepillo de dientes está frío y el agua caliente tarda en salir. Por la ventana se ve una mañana otoñal, como todas. Con hojas en el piso y un viento que sopla no muy fuerte.
Fuerte es el panorama, los diarios, las radios. Todo es fuerte y poco claro.
El té no sabe a nada, y encima las masitas húmedas no son un buen complemento. Creo que ya no tengo ganas de desayunar. Calzo mi mochila, que es mi mesa de luz, y parto para la radio. Con los auriculares en mis oídos y guantes negros, cambio el dial. Pero no cambia la situación, en todas las emisoras hablan de lo mismo, del conflicto agropecuario y de su enfrentamiento con el gobierno nacional que aumento su taza impositiva para las exportaciones del producto mas rentable del país agro exportador; la soja. Soja que requiere espacio. Espacio que requiere territorios, y territorios que impulsan la voracidad de los grandes terratenientes para continuar con la aglomeración de tierras. Una gran cadena de factores, todos vinculados a la producción y el capitalismo extremo, para surtir mercados extranjeros, para que ellos a su vez alimenten a sus gentes. No, perdón. Para que alimenten a sus gentes en segunda instancia, o tercera. En una primera va para alimentar cerdos del Asia poderosa y en la mejor de las ocaciones para la fabricación de Eter yanqui, y para que sus maquinas tecnológicas de punta funcionen. Para que funcionen y respondan a un sistema capitalista que, dale la vuelta que le des, termina exprimiendo los mercados sudamericanos y de los países periféricos del mundo, con precios exorbitantes por un combo de basura chatarra engorda flacos.